Cincuenta

March 31, 2008

Libros y libros

Archivado en: Literatura infantil por cincuenta a las 9:25 am

Los tres libros son de la editorial SM, Barco de Vapor, serie Primeros lectores. Hemos empezado a incluir en nuestras lecturas libros que no sean álbumes ilustrados donde la imagen es primordial. Aunque el nombre de la serie puede indicar que está hecha para los que ya empiezan a leer autónomamente, creo que las historias son ideales para contar, incluso para empezar a dejar la historia inacabada. Esto es algo que hemos probado ya en un par de ocasiones: empezamos con una historia y acaba la noche siguiente. La prehistoria de la lectura por capítulos. Y lo siento pero no tengo enlaces a las portadas…. espero que os sirva con los datos de título y autor…

  • Una historia con mil monos. Ruth Rocha. Ilustraciones de Pablo Núñez. El doctor Eduardo Cuaresma es un científico que vive en un pueblo de Brasil. Para sus investigaciones, necesita monos. Pero su pueblo es pequeño y no hay monos por ninguna parte. Así es que escribe a su amigo Jeremías para pedirle que le envíe uno o dos monos. El problema es que el señor Zeca, el telegrafista, es un poco despistado y si en lugar de una “ó” se escribe un “0″, 102 son muchos, muchos monos.
    Una historia que hace reir a Cacún. Lo de los monos le ha gustado y más lo de las equivocaciones del señor Zeca. También han sido muy aplaudidas las ilustraciones, originales y divertidas.
  • La cabra cantante. Maria Vago. Ilustraciones de Roser Capdevila. Matilde quiere ser cantante. Como es una cabra decidida se presenta a los exámenes del conservatorio. Pero parece que los profesores no aprecian su arte. Menos mal que eso a ella no le importa porque cuando una sabe lo que quiere y lo hace con el corazón, se abren puertas donde se cierran otras… Una historia bonita. Está bien que se transmita ese sentimiento de superación personal o de adaptación al medio, según se mire.
  • Lidia, yo y el muñeco de nieve. Dimiter Inkiow. Ilustraciones de Anne Decís. Con la primera nevada del año, Lidia y su hermano deciden que van a hacer el muñeco de nieve más grande del mundo. Pero parece que la tarea no va a resultar tan sencilla y una serie de “accidentes” van a acabar por hacer desistir de la idea a los dos hermanos.
    Y con él llegó el invierno. Primer cuento de nieve, que, aunque aquí no la veamos más que en libros, crea ambiente. A Cacún le ha divertido aunque temo que sólo alcanza a imaginar qué es hacer un muñeco de nieve… Por cierto, “Mi hermana Lidia y yo” es también una serie de libros.
  • February 25, 2008

    Beneficios de la lectura en la vida vecinal

    Archivado en: Y la nave va por cincuenta a las 9:50 am

    La noche es el momento más propicio para la lectura. Todas las noches después de acostar a Cacún y Chiquipé, que tan amablemente consienten en irse a la cama a una hora prudente, mamá se arma con su última lectura, una manta de sofá y algo de beber y se sienta en el sofá del comedor a devorar.
    El jueves por la noche fue una de tantas noches. Normalmente el cansancio se apodera de mamá pasadas las 12, pero ella, en lugar de irse a la cama, estira y estira los minutos… una página más, un capítulo más. Normalmente también, entre 2 y 4 de la madrugada, mamá se despierta en el sofá, torcida la cabeza en posiciones increíbles, se levanta, recoge los restos de la velada y a la cama.
    El jueves sin embargo, el ritual tuvo su variación. El libro escogido para la ocasión era este. No tiene mamá por costumbre leer literatura de “terror”. Miedica que es una y poco inclinada a la temática.
    Pero la historia era correcta y el ambiente hizo mella en ella que se pasó la noche mirando a un lado y a otro, tratando de distinguir e identificar los ruidos nocturnos.
    Suponemos que sobre su hora habitual (sobre las 2) un pesado sueño se adueñó de ella. Pesado porque no pudo quitarse la historia de la cabeza. Así es que cuando un buen rato después sintió el peso de unas pisadas sobre su pierna, despertó de golpe en busca de quién sabe qué fantasma.
    Pero no había fantasma… ¡Sobre su pierna derecha corría un ratón!
    Sólo gracias a que esperaba algo peor de lo que encontró no fue presa del histerismo y empezó a gritar como una posesa. Sólo gracias a que en lugar de fantasma se encontró con un cuerpo físico real, no despertó a todo el vecindario, no llamó a la policía o a los exterminadores o a quien pudiera solucionarle la papeleta.
    Así es que muy correctamente se levantó del sofá sin ver siquiera a dónde se dirigía la criatura que la había despertado, apagó las luces y se metió en la cama.
    Todo el fin de semana lo ha pasado como en un “sueño” sin saber si fue real o no la presencia del animal. Finalmente otras pruebas la han llevado a confiar a Cacún su temor:

    - Cacún, le dice mamá, me parece que Ratatouille se ha instalado en casa (haciendo mención a la película que con tanto gusto vimos hace un par de semanas y que Cacún utiliza para sus juegos últimamente).

    - Bueno, dice papá valientemente, en realidad espero que sea Ratóntouille…

    Nota: Ahora tenemos un nuevo habitante en Cincuenta y no sé cómo invitarlo a salir. Pero, por lo menos no es un fantasma

    February 7, 2008

    La recogida del cole

    Archivado en: Cacún, Chiquipé, Palabras mayores, Creciendo por cincuenta a las 2:05 pm

    Chiquipé y mamá vamos a recoger a Cacún al cole. A veces vamos andando, a veces en coche porque no nos da tiempo de hacer la agradable ruta que hay desde casa hasta la escuela a pie.
    Pero lo que es fijo todos los días es la siguiente escena.

    Cacún sale de clase normalmente haciendo monerías: pone los ojos en blanco, saca la lengua, se ríe. Nunca sé si es que está contento de salir de clase o contento de vernos esperándolo a la puerta del cole. Se acerca corriendo, se para al lado de Chiquipé y poniendo voz de “adulto hablando a bebé” (esa típica voz que nos sale sola cuando nos dirigimos a un bebé) dice:

    - Siri, ¿es que no le vas a decir nada a tu hermano mayor?¿Ni un beso?¿Ni hola?.

    A lo que Chiquipé suele responder con un “Hola, aío” y a otra cosa mariposa.

    Entonces se gira hacia mi y me suelta más serio que un notario:

    - Bueno, mamá, ¿no me vas a contar lo que has hecho esta mañana?

    Y así, de este modo, empiezan siempre nuestras largas tardes a tres bandas.

    Nota: No sé porqué siento que debo atesorar estos momentos, estas frases… no para no olvidarlas, sino para recordar el absoluto placer que me produce estar con mis hijos.

    January 9, 2008

    Los libros de la semana

    Archivado en: Literatura infantil por cincuenta a las 10:35 am

    Está bien, hay un montón de libros en el tintero. Seguro que Cacún no está del todo conforme en que dejemos de lado unos cuantos que han sido un éxito en estos meses, pero a veces hay que meter tijera donde hay que meterla, sin más. Así es que aquí os dejamos un par de recomendaciones de entre las lecturas de esta última semana.

    Diez semillas. Ruth Brown. Con la nueva época de plantación en cincuenta, se despertó nuevamente la curiosidad por el proceso de crecimiento de las plantas. Por pura casualidad, como ocurre en tantas afortunadas ocasiones, encontramos en la biblioteca este libro. Y si alguien quiere explicar el ciclo de la vida en las plantas sin que sea tedioso, pesado y que parezca que se está explicando, este libro es un buen recurso. Un pequeño planta diez semillas. Cada una de ellas tendrá un final diferente, todos ellos muestras de los procesos de la vida. El texto es el justo, una línea por cada doble página; las ilustraciones son de cuaderno de campo; y la presentación de los diferentes seres vivos que pululan por el jardín bastante exhaustiva. Nos ha gustado mucho. A mi porque ha llegado en un momento muy oportuno. A Cacún porque le gustan los bichos (y las historias). Y a Chiquipé porque le gusta ver animales y las ilustraciones, como he dicho, son preciosas y porque va empezando a coger el gusto por los números.

    La estupenda mamá de Roberta. Rosemary Wells. Roberta sale a hacer la compra para la merienda que van a hacer su mamá y ella en el bosque. Pero la pequeña se pierde y se ve inmersa en acontecimientos poco agradables. Menos mal que su mamá está siempre alerta, como mamá le dice a Roberta: “Porque te quiero”. Cacún necesita ya historias más elaboradas, como esta. Las ilustraciones le gustan, pero lo que más le gusta y saborea son las palabras. Y en esta historia hay muchas palabras nuevas que ha disfrutado mucho. A Chiquipé no le ha llamado nada la atención.

    Nota: Ahora las dos velocidades se ven claramente. Un poco más complicado repartirse.

    January 2, 2008

    La evolución según Cacún

    Archivado en: Cacún, Palabras mayores por cincuenta a las 10:14 pm

    Cuenta Cacún que hace mucho tiempo, cuando vivían los antiguos, el oso Winnie the Pooh y su amigo el burro (del que desconocemos el nombre) eran gigantes que estaban instalados apaciblemente en el polo norte.

    Un día, Burro tenía mucha prisa porque llegaba tarde a una reunión. Así es que se puso a correr y corrió y corrió… con tan mala suerte que pisoteó a todos los antiguos que allí vivían. El pobre no se dio cuenta, claro. Pero cuando su amigo oso vio lo que había sucedido, entre los dos hicieron un gran agujero y metieron dentro a todos los antiguos.

    Afortunadamente los antiguos habían inventado las hormigas. Así es que Burro y Winnie desaparecen de la escena tranquilos porque las hormigas no habían muerto.

    Y entonces de las hormigas nacieron las babosas; las babosas tuvieron ranas; las ranas criaron gatos; los gatos parieron perros; los perros engendraron osos y… después de los osos aparecimos nosotros: los humanos. Eso sí, los humanos que no somos antiguos.

    Y como en el polo norte hace mucho frío, pues nos vinimos a vivir aquí, al sur.

    Nota: Estoooo, bueno, vale… como cuento no está mal. No hay que dar más explicaciones. Y como Cacún me pide que lo escriba para acordarse siempre, pues aquí está.

    September 13, 2007

    Pintura

    Archivado en: Y la nave va, Actividades, Cacún, Chiquipé, Outdoors por cincuenta a las 12:57 pm

    Chiquipé adora pintar. Hace meses que lo pide; “intá” dice mientras coloca la mano como si cogiera un lápiz y la mueve de arriba a abajo. Cuando coge los papeles/libretas/libros (uno de mis libros de cocina se encuentra entre sus favoritos y no me extraña porque el papel es muy agradable para pintar) y los lápices/rotuladores/ceras/bolígrafos, puede pasar mucho rato, pero mucho entretenida. Para mamá lo peor es que le pide que le dibuje cosas. Y, que nadie se entere, mamá es una auténtica manazas del dibujo. Así es que trato de hacer cosas y ella trata de reconocerlas.

    Hace unas dos semanas dibujé un coche y un niño. Chiquipé lo paseó por toda la casa hasta que, en un cambio de actividad cualquiera, lo dejó por ahí. Al cabo de un buen rato Cacún llegó corriendo: “¡¡Mamá, mira lo que ha hecho Chi!!” Tras superar la inquietud que me provoca escuchar una frase como esa, me acerqué a ver qué había hecho…
    “Mira, mamá, a dibujado un coche. Pero mira qué coche más bien hecho. Dibuja muy bien.”
    ¡Qué gracia! Me dio hasta un poco de pena desilusionarlo y decirle que el dibujo era mío, de lo emocionado que estaba. Pero no, al final resopló y dijo:
    “¡Ah, claro! Estaba demasiado bien”

    Estos últimos días de buen tiempo hemos sacado el papel continuo al jardín, las pinturas y las pinturas dedos. Y Chiquipé no sólo no ha probado ninguna de ellas, sino que además ha mostrado un exquisito cuidado en su utilización y una emoción sorprendente al coger la pintura y esparcirla por el papel. Huelga decir que el resultado final fue de inmersión completa en agua caliente, tanto de Chi y Cacún como del suelo del jardín. Pero eso no es un mal resultado, todo lo contrario..

    Ayer justo me pidió que le dibujara un pulpo “Puupppo”. Yo hice todo lo que pude, realmente lo intenté. Cuando se lo enseñé no sólo no reconoció el animal, sino que insistía una y otra vez en darme un lápiz y pedirme un pulpo “Puuppo” mientras señalaba la hoja. Ejem, lo siento hija pero es que un pulpo no me sale mejor…

    Nota: Estoy convencida que se va a divertir mucho más que Cacún en la guardería, porque a este le aburre muchísimo pintar y me temo que es de las actividades más propuestas

    Ocupada

    Archivado en: Retos, Y la nave va por cincuenta a las 12:31 pm

    Estoy en un estado de ocupación cercano al 100%; vamos que me cuesta más encontrar tiempo para escribir que una entrada para ver a Les Luthiers.

    Harta como estoy de mi situación laboral, he optado por estudiar las oposiciones a las que me vengo negando años. Y, en un esfuerzo impresionante, he tomado la decisión de abandonar momentáneamente todos los hobbies que me hacen tan feliz. Bueno, casi todos o casi todo el tiempo, que una no es tan sacrificada.

    Es posible que no pueda escribir en dos o tres meses. O incluso es posible que escriba pero no pueda contestar, ni leer lo que me escriben…

    Nota: Espero volver a escribir con un post lleno de agradables sorpresas… ¡sean felices!

    August 27, 2007

    Coincidencias

    Archivado en: Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 12:52 pm

    Cuando Cacún empezó a hablar durante meses todo era Cacún: los coches y las llaves (sus dos grandes pasiones durante esos meses), los libros, las fotos… cualquier cosa era cacún. Papá y mamá empezamos por extensión a llamarlo así. Pero finalmente este nombre se quedó sólo para Cincuenta.

    Hace un par de meses, o quizá más y no nos dimos cuenta hasta más tarde, la pequeña Chi empezó a llamar a su hermano “Gacun” (sin acento). Al principio pensamos en que era simplemente un sonido gutural que identificaba a Cacún. Ahora, meses después y mucho más perfeccionado suena todavía más a “Cacun” (aunque sigue sin acento). Sólo utiliza esta palabra para referirse a él, es su nombre.

    Curioso y gracioso.

    Nota: ¿Será que Chi está leyendo a escondidas este blog?

    August 24, 2007

    Agua

    Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 10:31 am

    Desde hace meses Cacún y Chiquipé se bañan juntos. Es un momento de verdadera diversión.
    En la bañera tenemos una redecilla llena de juguetes que vamos cambiando con asiduidad porque el agua los estropea mucho. Chiquipé se sienta en una silla de las de bañera (que está a punto de ser dada de baja).
    Al principio no se hacen ni caso. Cada uno coge uno o varios juguetes y juegan con ellos sin más. Pero enseguida empieza el auténtico baño. Cualquier pequeño movimiento por una u otra parte puede desencadenarlo: que Chiquipé quiera coger algo que le pilla más allá de Cacún; que Cacún quiera en ese mismo momento lo que Chi tiene entre manos; o, incluso, en algunas ocasiones. que mamá o papá se lancen en un ataque de momentánea locura a salpicarlos… Y de pronto, lo que era un relajante baño pasa a convertirse en “la batalla naval”.
    La cosa suele acabar con los dos gritando y muertos de la risa… Y uno de nosotros tratando de secar todo lo que está empapado.

    Cuando llegaron los calores, empezaron las visitas a piscinas y playas varias de las que, afortunadamente, tenemos un nutrido surtido por estos lares. Y cuando llegaron las vacaciones de papá, se añadió a todo lo anterior, la única, la estupenda, la refrescante… ¡manguera!. Desde este última entrada en escena Cacún no quiere ni entrar en la bañera. Así, cuando Chi se acerca a la cortina de la bañera y pide ¡Agua!, el baño es para ella sola.

    - ¿Qué tal si nos damos un refresco aquí mismo? -pregunta Cacún a cada momento. Y entonces abre la manguera (que ya controla totalmente) y toca baño mangueril “aquí mismo” o sea, en el patio o en el jardín.

    Claro que la renuncia a la bañera y el jabón no ha sido en balde, porque Cacún ha inventado toda una serie de técnicas de salida del agua, muy útiles y divertidas… Sé cómo se ven, pero todavía no sé cómo se hacen el “Doble chorro” o “La Alpina”

    Nota: A ver quién vuelve a meter en la bañera a Cacún. Menos mal que nos quedan meses de calor.

    August 17, 2007

    Cumpleaños feliz

    Archivado en: Y la nave va, Cacún por cincuenta a las 7:21 am

    Cacún cumple cuatro años y, aunque las celebraciones oficiales serán mañana, hoy es el día.
    Es nuestro día y estoy tan emocionada como él. Bueno, no sé… porque él lleva meses esperando que llegue su cumple, esperando para ser el “jefe” y hacer “todo lo que quiera”. Y dicho así suena como si no fuera eso lo que hace prácticamente todos los días.

    Ayer antes de acostarme, nos recordaba a papá y a mi paseando por los pasillos del hospital (en el que ya llevábamos casi una semana esperándote)…

    Sábado, 16 de agosto de 2003, un verano especialmente caluroso. Desde el lunes anterior ingresada. Durante toda la tarde tuvimos visita: familia y amigos que nos venían a ver, a comprobar que seguíamos intactos. Después de la cena (que en los hospitales es una cena muy europea en horario) empecé a sentirme molesta. No diría que fueran dolores, más bien una ligera “presión” con ocasionales “pinchazos”. Ya nos habían dicho que había que andar, así es que seguimos con nuestra rutina de subir y bajar escaleras. En menos de dos horas de paseo, las ligeras molestias pasaron a ser dolores ligeros y sobre las 10 dolores continuados y nada “ligeros”.

    Una que se había leído todo lo que había caído en sus manos y no quería molestar mucho a los trabajadores del hospital, muy discretamente llamó al interfono de su habitación y solicitó la visita de la matrona. Esta apareció bastante calmada unos (largos) minutos después. Y fue la primera en inaugurar una noche de “comprobaciones manuales de la dilatación” que dicho así queda mejor que lo que en realidad sentí durante todo ese tiempo en que cada vez que entraba alguien con bata blanca me abría las piernas y metía la mano a ver qué encontraba.

    A las 23 horas, con 4 centímetros de dilatación, me bajaron a paritorio. Y allí empezó la preparación al parto, que es como si de pronto tú dejaras de ser la actriz principal y todo el mundo a tu alrededor se empeñara en sacar adelante algo que tú eres la única que puede sacar adelante. Para las que estén interesadas: me raparon, me pusieron enemas molestísimos , me quitaron la ropa, me pusieron la epidural (esto sí lo pedí yo) y me obligaron a tumbarme con el monitor puesto. En ese momento dejaron entrar a papá. Que pienso yo que si no los dejan entrar antes, ¿por qué es? Imagino que nadie allí pensará que puede dar mal rollo a “papá” verte en ninguna de las situaciones en que te ves, que si estás preñada y a punto de parir va a ser porque papá ya lo ha visto casi todo, ¿no?. Bueno, la cuestión es que las instrucciones eran precisas: el bebé estaba muy arriba y, aunque ya estaba casi dilatada había que hacerlo bajar. Así es que papá controlaba el monitor y yo hacía pujas obedientemente cuando el dibujo de la máquina indicaba que tenía que hacerlo.

    Después de las comprobaciones de no sé cuántas matronas, médicos, enfermeras rasas y hasta me atrevería a decir que auxiliares, uno de ellos entró con una aguja enorme y sin decirme nada me rompió la bolsa. También sin decirme nada se retiró dejándome un chorreo que yo apenas notaba. ¡Vaya! Después de tanto tiempo pensando mientras me bañaba en la playa o en la piscina, si sabría reconocer la rotura de la bolsa, resultó que después de mi primer parto tampoco iba a resolver la incógnita.

    Antes de las 3 estaba completamente dilatada. Me pasaron a paritorio. Pero no dejaron entrar a papá porque no sabían si iban a tener que utilizar fórceps ya que el bebé estaba todavía muy arriba. Mientras entraba yo sola, vi al médico recién levantado. Y antes de que me diera cuenta hizo subir al que me había roto la bolsa sobre mi barriga y empujar. Yo no noté absolutamente nada y en menos de 5 minutos mi expulsivo terminó. En cuanto sacaron a Darío yo sólo quería verlo. Llevaba meses esperando sólo para tocarlo. Pero no. Se lo llevaron a hacerle esas pruebas que hacen nada más nacer y cuando le dije a la enfermera o a la horrible bruja mala que me atendió después: “Quiero ver a mi hijo”, me soltó un “¡Ya tendrás tiempo de verlo toda la vida!” Esto último me provocó una terrible necesidad de saltar de la camilla y tirarme a su cuello en modo vampiro. Ahí entendí porqué te atan los pies a los estribos esos y porqué tenía un gotero puesto: es realmente difícil saltar al cuello de alguien en esa postura.

    Podéis pensar que mi experiencia de parto no fue muy buena, sin embargo debo decir que, hasta que pasé por mi segunda experiencia de parto, o sea, hasta que nació Chiquipé, juraba a quien me quisiera escuchar que mi parto había sido genial. Y es que una no valora lo que tiene hasta que lo puede comparar con lo que no tiene o lo que quiere.

    Mi primer recuerdo de Cacún es en la sala post-parto. Estaba en la incubadora (porque en verano por el aire acondicionado siempre los meten en la incubadora hasta que nos suben a planta). Estaba despierto y abría la boca increíblemente, apoyándola contra uno de los cristales. Recuerdo pensar que cómo podía haber parido un niño tan guapo, tan perfecto. Y también pensar que aquello había comenzado realmente bien. Y, aunque este último pensamiento en mi siempre es predecesor de pensamientos del tipo “ahora todo irá a peor”, en esa ocasión no sonó por ninguna parte. Recuerdo un cansancio infinito y placentero. Allí estaba Cacún y ahora teníamos que conocernos… Toda una aventura por delante.

    Nota: Desde que sufrí en propias carnes la narración personal de cada mujer que me encontraba acerca de sus partos y sus (casi siempre) desgraciadas experiencias, procuro no añadir estrés extra al hecho ya de por sí estresante de tener que parir. Pero si alguien me pregunta directamente digo que he tenido dos partos fantásticos. Y que después de pasar por las dos experiencias prefiero un parto sin epidural y sin médico. Pero para el segundo parto, habrá que esperar a diciembre.

    Get free blog up and running in minutes with Blogsome
    Theme designed by Janis Joseph