Sinceridad
Definitivamente las galletas de jengibre que hicimos no salieron muy buenas. Ayer por la tarde, al llegar a casa le pregunté a Cacún:
- ¿Te has comido las galletas?
- Bueeeno -dijo dudando y arrastrando el las sílabas- síiii…
- ¿Qué pasa, no te ha gustado?
- Bueno, sí, mamá. Pero mañana mejor no me pongas galletas… sólo chocolate.
¡Ah, la sinceridad de Cacún!
Nota: Espero que siga así mucho, mucho tiempo. Aunque tenga que tirar a la basura todas las hornadas de galletas que haga en mi vida.

