12 de enero
Hace unos días, papá y mamá estuvimos viendo la posibilidad de comprar una bola del mundo para Cacún. A raíz de un artículo que yo leí (y que no recuerdo dónde lo encontré) y el recuerdo de ambos de nuestras respectivas bolas del mundo y los momentos de diversión que nos proporcionaron, la cosa había quedado prácticamente decidida: sería su regalo de cumpleaños.
Ayer al llegar a casa de los abuelos, la tita Nu nos comentó que Cacún no había consentido en dormir la siesta porque no había querido separarse de la bola del mundo que le había comprado el abuelo.
El abu Miguel nos contó que esa mañana, antes de ir al colegio, Cacún le había contado que vivíamos en España y que la bandera de España es roja, amarilla y roja. Tamaño nacionalismo a la tierna edad de los tres años, merecía una apertura mental inmediata. Bromas aparte, cuando el abu encontró en uno de los supermercados que visita a menudo para hacer las compras para la panadería, unas bolas del mundo tamaño manejable, no lo dudó un momento.
Cacún nos recibió señalándonos dónde estaba España. Estaba medio fascinado mirando embobado la bola. Enseguida nos preguntó dónde estaba California (Cars) y Japón (Toy Store 2).
Un éxito indiscutible. Ahora a “abrirle las puertas del mundo”.
Nota: La actividad para hoy por supuesto, ha quedado más que superada con esta adquisición que nos va a dar mucho juego.

