La abuela Eli cumple años
A final del año pasado le compramos a Cacún un calendario. La idea era que empezara a familiarizarse con la organización del tiempo. Y con esa misma idea incluimos, antes de colgarlo, todos los cumpleaños y fiestas señaladas familiares.
El cumpleaños de la abuela Eli, según consulta a papá, era el 15 de febrero. Cuando la felicitamos el día antes por anticipado porque el mismo 15 no íbamos a verla nos señaló el error: el cumpleaños de la abuela es el 7 de febrero, pero también se acepta el 17 porque hay alguna documentación en que la fecha es esa.
Así es que el sábado fuimos a comer al campo. No hace falta excusa, pero siempre está bien celebrar algo especial y los cumpleaños gustan mucho a Cacún: las velas, la nata, los cantos…
Este sábado, además, ocurrió algo muy especial. La mañana fue muy bien, paseamos por el campo; recogimos unas cuantas plantas para nuestro huerto de aromáticas: romero (rosmarinus officinalis), tomillo (thymus) y orégano (origanum vulgare); recogimos los huevos; correteamos y recogimos flores… una estupenda mañana campestre. Pero después de comer empezó repentinamente a llover, no una ligera llovizna como las que acostumbramos por estos lares, no, sino un señor chaparrón de fuerza increible. Cacún, Chiquipé y Nerea, fliparon cada uno a su manera. Cacún nunca había visto llover de esa manera, su cara era un poema, y lo único que quería era chapotear con el agua, meter los pies y salpicar, coger el paraguas y que le cayera encima… cualquier cosa que se pueda imaginar hacer bajo el agua. Y, claro, por más enfermo que estuviera la semana anterior, ¿quién tiene corazón para negarle que haga lo quiera cuando una misma está fascinada por la intensidad en que cae el agua? Así es que acabó ligeramente empapado, pero con una cara de felicidad de postal.
Chiquipé flipó desde su posición en brazos, pero como flipa con todo en estos momentos no lo tomó como algo muy especial. Y Nerea tuvo un flipe más tranquilo, en brazos del abuelo escuchando caer la lluvia sobre el tejado de la entrada.
Al final no pudimos bajar a ver el desfile de carnaval, bueno, mejor dicho, no quisimos…porque tampoco era plan de arriesgarse a otro chaparrón. Así es que nos quedamos por la noche en cincuenta y vinieron a pasar la noches Encar, Lu y Fer. Los peques se fueron a dormir enseguida porque estaban cansadísimos, pero el resto pasamos una noche muy graciosa de risas, comida china y vino.
Nota: Aunque había tratado el tema del año nuevo con Cacún, la noche del sábado no pudimos celebrarlo porque llegó del campo "reventado".

