Andando
Viernes tarde. Después de comer en casa de los abuelos del campo, de charla en el comedor, esperamos que Cacún termine de comer. La siesta ha sido larga (los viernes nos levantamos más temprano que el resto de los días) y se ha levantado muy hambriento.
Chiquipé está en la alfombra, buscando qué coger o qué tocar o dónde ir… Localiza el matamoscas, objeto con grado casi de culto para el abuelo. Lo coge. Parece que lo maneja muy bien. Se pone de pie con el matamoscas en la mano, a modo de agarre. El abuelo coge un segundo matamoscas (nunca son suficientes) y se lo da. Lo coge con la otra mano y… ¿qué es esto? Matamoscas en mano, se lanza a andar: a la cocina, de nuevo al comedor y una ida y vuelta constante, parando de vez en cuando para reír y aplaudir, loca de emoción.
Y, sí, nos damos cuenta… Chiquipé, aunque ya había dado sus primeros pasos, no había descubierto hasta ese momento que podía andar, desplazarse a esa altura, mantener el equilibrio, incluso esquivar pequeños obstáculos.
Todo el fin de semana andando sin parar, investigando los diferentes rincones de la casa, emocionada por su nueva perspectiva… tan emocionada, de hecho, que ni siquiera ha intentado subir las escaleras. Incluso se resiste a gatear.
Anda de una manera muy graciosa, con las piernas muy abiertas (como si acabara de bajar del caballo) Va mirándose los pies y manteniendo el equilibro con un ligero balanceo. Se levanta y se agacha muy bien y en cuanto ve que le falta el equilibrio se pone en cuclillas hasta que recupera el equilibrio. De vez en cuando se para, sonríe y se aplaude… Es genial.
El inicio en la vertical de Cacún fue tan diferente como casi todas las demás fases de sus crecimientos respectivos. Cacún casi no gateó. Con once meses dio sus primeros dos pasos y después ya no paró… Siempre fue muy seguro en sus pasos y antes de cumplir el año ya andaba bastante bien.
Nota: La pequeña Chiquipé ya se ha unido al club de las dos patas ¡La de kilómetros que le quedan!

