Cincuenta

August 27, 2007

Coincidencias

Archivado en: Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 12:52 pm

Cuando Cacún empezó a hablar durante meses todo era Cacún: los coches y las llaves (sus dos grandes pasiones durante esos meses), los libros, las fotos… cualquier cosa era cacún. Papá y mamá empezamos por extensión a llamarlo así. Pero finalmente este nombre se quedó sólo para Cincuenta.

Hace un par de meses, o quizá más y no nos dimos cuenta hasta más tarde, la pequeña Chi empezó a llamar a su hermano “Gacun” (sin acento). Al principio pensamos en que era simplemente un sonido gutural que identificaba a Cacún. Ahora, meses después y mucho más perfeccionado suena todavía más a “Cacun” (aunque sigue sin acento). Sólo utiliza esta palabra para referirse a él, es su nombre.

Curioso y gracioso.

Nota: ¿Será que Chi está leyendo a escondidas este blog?

August 24, 2007

Agua

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 10:31 am

Desde hace meses Cacún y Chiquipé se bañan juntos. Es un momento de verdadera diversión.
En la bañera tenemos una redecilla llena de juguetes que vamos cambiando con asiduidad porque el agua los estropea mucho. Chiquipé se sienta en una silla de las de bañera (que está a punto de ser dada de baja).
Al principio no se hacen ni caso. Cada uno coge uno o varios juguetes y juegan con ellos sin más. Pero enseguida empieza el auténtico baño. Cualquier pequeño movimiento por una u otra parte puede desencadenarlo: que Chiquipé quiera coger algo que le pilla más allá de Cacún; que Cacún quiera en ese mismo momento lo que Chi tiene entre manos; o, incluso, en algunas ocasiones. que mamá o papá se lancen en un ataque de momentánea locura a salpicarlos… Y de pronto, lo que era un relajante baño pasa a convertirse en “la batalla naval”.
La cosa suele acabar con los dos gritando y muertos de la risa… Y uno de nosotros tratando de secar todo lo que está empapado.

Cuando llegaron los calores, empezaron las visitas a piscinas y playas varias de las que, afortunadamente, tenemos un nutrido surtido por estos lares. Y cuando llegaron las vacaciones de papá, se añadió a todo lo anterior, la única, la estupenda, la refrescante… ¡manguera!. Desde este última entrada en escena Cacún no quiere ni entrar en la bañera. Así, cuando Chi se acerca a la cortina de la bañera y pide ¡Agua!, el baño es para ella sola.

- ¿Qué tal si nos damos un refresco aquí mismo? -pregunta Cacún a cada momento. Y entonces abre la manguera (que ya controla totalmente) y toca baño mangueril “aquí mismo” o sea, en el patio o en el jardín.

Claro que la renuncia a la bañera y el jabón no ha sido en balde, porque Cacún ha inventado toda una serie de técnicas de salida del agua, muy útiles y divertidas… Sé cómo se ven, pero todavía no sé cómo se hacen el “Doble chorro” o “La Alpina”

Nota: A ver quién vuelve a meter en la bañera a Cacún. Menos mal que nos quedan meses de calor.

August 17, 2007

Cumpleaños feliz

Archivado en: Y la nave va, Cacún por cincuenta a las 7:21 am

Cacún cumple cuatro años y, aunque las celebraciones oficiales serán mañana, hoy es el día.
Es nuestro día y estoy tan emocionada como él. Bueno, no sé… porque él lleva meses esperando que llegue su cumple, esperando para ser el “jefe” y hacer “todo lo que quiera”. Y dicho así suena como si no fuera eso lo que hace prácticamente todos los días.

Ayer antes de acostarme, nos recordaba a papá y a mi paseando por los pasillos del hospital (en el que ya llevábamos casi una semana esperándote)…

Sábado, 16 de agosto de 2003, un verano especialmente caluroso. Desde el lunes anterior ingresada. Durante toda la tarde tuvimos visita: familia y amigos que nos venían a ver, a comprobar que seguíamos intactos. Después de la cena (que en los hospitales es una cena muy europea en horario) empecé a sentirme molesta. No diría que fueran dolores, más bien una ligera “presión” con ocasionales “pinchazos”. Ya nos habían dicho que había que andar, así es que seguimos con nuestra rutina de subir y bajar escaleras. En menos de dos horas de paseo, las ligeras molestias pasaron a ser dolores ligeros y sobre las 10 dolores continuados y nada “ligeros”.

Una que se había leído todo lo que había caído en sus manos y no quería molestar mucho a los trabajadores del hospital, muy discretamente llamó al interfono de su habitación y solicitó la visita de la matrona. Esta apareció bastante calmada unos (largos) minutos después. Y fue la primera en inaugurar una noche de “comprobaciones manuales de la dilatación” que dicho así queda mejor que lo que en realidad sentí durante todo ese tiempo en que cada vez que entraba alguien con bata blanca me abría las piernas y metía la mano a ver qué encontraba.

A las 23 horas, con 4 centímetros de dilatación, me bajaron a paritorio. Y allí empezó la preparación al parto, que es como si de pronto tú dejaras de ser la actriz principal y todo el mundo a tu alrededor se empeñara en sacar adelante algo que tú eres la única que puede sacar adelante. Para las que estén interesadas: me raparon, me pusieron enemas molestísimos , me quitaron la ropa, me pusieron la epidural (esto sí lo pedí yo) y me obligaron a tumbarme con el monitor puesto. En ese momento dejaron entrar a papá. Que pienso yo que si no los dejan entrar antes, ¿por qué es? Imagino que nadie allí pensará que puede dar mal rollo a “papá” verte en ninguna de las situaciones en que te ves, que si estás preñada y a punto de parir va a ser porque papá ya lo ha visto casi todo, ¿no?. Bueno, la cuestión es que las instrucciones eran precisas: el bebé estaba muy arriba y, aunque ya estaba casi dilatada había que hacerlo bajar. Así es que papá controlaba el monitor y yo hacía pujas obedientemente cuando el dibujo de la máquina indicaba que tenía que hacerlo.

Después de las comprobaciones de no sé cuántas matronas, médicos, enfermeras rasas y hasta me atrevería a decir que auxiliares, uno de ellos entró con una aguja enorme y sin decirme nada me rompió la bolsa. También sin decirme nada se retiró dejándome un chorreo que yo apenas notaba. ¡Vaya! Después de tanto tiempo pensando mientras me bañaba en la playa o en la piscina, si sabría reconocer la rotura de la bolsa, resultó que después de mi primer parto tampoco iba a resolver la incógnita.

Antes de las 3 estaba completamente dilatada. Me pasaron a paritorio. Pero no dejaron entrar a papá porque no sabían si iban a tener que utilizar fórceps ya que el bebé estaba todavía muy arriba. Mientras entraba yo sola, vi al médico recién levantado. Y antes de que me diera cuenta hizo subir al que me había roto la bolsa sobre mi barriga y empujar. Yo no noté absolutamente nada y en menos de 5 minutos mi expulsivo terminó. En cuanto sacaron a Darío yo sólo quería verlo. Llevaba meses esperando sólo para tocarlo. Pero no. Se lo llevaron a hacerle esas pruebas que hacen nada más nacer y cuando le dije a la enfermera o a la horrible bruja mala que me atendió después: “Quiero ver a mi hijo”, me soltó un “¡Ya tendrás tiempo de verlo toda la vida!” Esto último me provocó una terrible necesidad de saltar de la camilla y tirarme a su cuello en modo vampiro. Ahí entendí porqué te atan los pies a los estribos esos y porqué tenía un gotero puesto: es realmente difícil saltar al cuello de alguien en esa postura.

Podéis pensar que mi experiencia de parto no fue muy buena, sin embargo debo decir que, hasta que pasé por mi segunda experiencia de parto, o sea, hasta que nació Chiquipé, juraba a quien me quisiera escuchar que mi parto había sido genial. Y es que una no valora lo que tiene hasta que lo puede comparar con lo que no tiene o lo que quiere.

Mi primer recuerdo de Cacún es en la sala post-parto. Estaba en la incubadora (porque en verano por el aire acondicionado siempre los meten en la incubadora hasta que nos suben a planta). Estaba despierto y abría la boca increíblemente, apoyándola contra uno de los cristales. Recuerdo pensar que cómo podía haber parido un niño tan guapo, tan perfecto. Y también pensar que aquello había comenzado realmente bien. Y, aunque este último pensamiento en mi siempre es predecesor de pensamientos del tipo “ahora todo irá a peor”, en esa ocasión no sonó por ninguna parte. Recuerdo un cansancio infinito y placentero. Allí estaba Cacún y ahora teníamos que conocernos… Toda una aventura por delante.

Nota: Desde que sufrí en propias carnes la narración personal de cada mujer que me encontraba acerca de sus partos y sus (casi siempre) desgraciadas experiencias, procuro no añadir estrés extra al hecho ya de por sí estresante de tener que parir. Pero si alguien me pregunta directamente digo que he tenido dos partos fantásticos. Y que después de pasar por las dos experiencias prefiero un parto sin epidural y sin médico. Pero para el segundo parto, habrá que esperar a diciembre.

August 13, 2007

Canarios y pérdidas

Archivado en: Nada especial, Y la nave va, Cacún, Creciendo por cincuenta a las 12:38 pm

Hace casi un año compramos nuestro primer canario como regalo de cumpleaños para Cacún. Tanto papá como mamá habíamos tenido canarios de pequeños en casa y en casa de nuestros respectivos abuelos. Así es que pensamos que sería una buena idea empezar a criarlos, que Cacún y Chiquipé vieran día a día vivir a los pajaritos…

En cuanto llegamos a casa, preguntamos a Cacún cómo llamar al canario. Y, como era de esperar, optó por ponerle su mismo nombre. Mala idea. Durante un par de semanas cuando una preguntaba: “¿Dónde está Cacún?” o el tan trillado “¿Qué está haciendo Cacún?”, recibía una respuesta no siempre esclarecedora de a quién hacía referencia la información, como por ejemplo: “En el jardín” o “Comiendo” o incluso “Durmiendo”. Cacún-canario fue un compañero encantador. Era precioso y al ser el primero Cacún pasaba largos ratos sentado frente a la jaula viéndolo… la primera semana. Claro que el pobre no vivió mucho más. Una noche empezó a tener unos espasmos de lo más raros, como una especie de “hipo canario”. El día siguiente se levantó igual y nos dimos cuenta que había acabado con toda la reserva de bizcocho que papá le había puesto en plan “para toda la semana”. Esa misma tarde lo encontramos muerto en la jaula. Cuando Cacún preguntó no sé porqué en lugar de decirle que había muerto me salió que se había escapado. Ni siquiera lo pensé, sólo me salió.

Papá y mamá nos negamos a darnos por vencidos tan pronto. Como el atracón fue la causa que atribuimos a tan prematura muerte, pensamos que sólo era cuestión de no darle más bizcocho. Volvimos a comprar otro macho. El nuevo canario no tomó el nombre de Cacún porque a éste se le ocurrió que un nombre mejor era Cincuenta. Y Cincu pasó a ser uno más en la familia. Durante algún tiempo pensamos que no cantaba porque estaba asustado por tanto cambio; luego pensamos que no cantaba porque era demasiado joven; finalmente creímos que no cantaba porque no tenía una hembra cerca…

Pasado un tiempo prudencial de un par de semanas, decidimos comprar una canaria. Por aquello de la parejita… porque el pobre Cincu estaba muy solito y no le salía la voz del cuerpo. Y así llegó a casa la que estaba destinada a ser la compañera de Cincu y madre de los futuros retoños canarios. Todo empezó a ser muy raro. Porque Cincu siguió sin cantar ni hacer intento alguno. La familia más especialista en estos temas concluyó que Cincu no era un macho, era una hembra, cosa que aceptamos a regañadientes porque ahora teníamos dos hembras y lo de la crianza iba a estar complicado. Lamentablemente la compañera de Cincu no duró más que dos días. Ya venía en mal estado de la tienda, pero la llegada a casa y la disputa por la jaula con Cincu no favorecieron en nada su delicada salud. Esta vez sí le dijimos a Cacún que la pobre canaria (de quien no recuerdo el nombre, aunque sé que lo tuvo) había muerto. No hubo más preguntas. Todavía estaba Cincu que, aunque había pasado a ser una canaria, todavía era preferido por Cacún.

El tito Albert nos ofreció a su “Macho machote” para tratar de criar antes de que acabara la primavera. Los dos se llevaron muy bien nada más verse y durante un tiempo pudimos disfrutar de su “baile del apareamiento”. Todo iba de maravilla. Cincu empezó a poner huevos, uno por día hasta un total de cuatro. Y entonces una desafortunada decisión hizo que todo se fuera al traste. Consideramos que el lugar escogido estaba un poco en el paso, que Cincu necesitaría tranquilidad en estos momentos y que si cambiamos la orientación sería mucho mejor para el empolle. Así es que cambiamos la jaula de orientación. Cincu salió espantada y ya no quiso entrar en el nido más. MM trató de hacerla entrar por todos los medios, empujando, piando, cantando, colocándose sobre los huevos… no hubo manera. Dimos por perdidos los huevos, pero pensamos que todavía estábamos a tiempo de una nueva puesta.

A la mañana siguiente, al salir a trabajar, me di cuenta de que la jaula estaba vacía. El nido se había caído al suelo, los huevos no estaban y los canarios tampoco. Responsabilizamos a los gatos del barrio. Pero después de jurar venganza, un examen más minucioso de la jaula y los restos nos indicó que se había caído el nido por falta de agarre. Seguramente entraron los dos a la vez y se desplomó todo. Esta vez fue la más triste para mi. A Cacún no le dijimos nada de muerte, sólo le explicamos la desaparición. El cree que están por ahí viviendo tranquilamente, en plan familia tradicional. ¡Qué tierno!

Papá entró en modo Scarlett O’Hara y me puso por testigo de que nunca más compraría un canario. Pero si es triste que desaparezcan, más triste es tener la jaula vacía, colgando de la pared… es un tanto deprimente. Y papá no acepta una derrota como resultado final. Así es que volvió a pedir la revancha y así fue como llegó nuestro último inquilino a casa. Al principio Cacún decidió que se llamaría Edu. Pero todos nos equivocamos constantemente y le llamamos Cincu. Así es que por unanimidad (incluso Chiquipé levantó la mano) lo renombramos a Cincu. Es el segundo más bonito (Cincu “the first” era el más bonito con diferencia) y el primero en canto… Y todos deseamos que tenga una larga y productiva vida.

Nota: Esperaremos hasta primavera para volver a intentar la crianza. Lo bueno de todo esto es que ya hemos corregido algunas prácticas nocivas y creemos poder afirmar que no se volverán a repetir las circunstancias que condujeron a esas pérdidas. Continuará…

August 12, 2007

Verano

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 7:22 am

Después de un mes en que lo máximo que hemos estado separados ha sido un par de horas, llegó la vuelta al trabajo y la rutina habitual. Menos mal que papá tiene vacaciones este mes y así los peques siguen teniendo horario de verano, que a grandes rasgos consiste en: me levanto tarde, me acuesto tarde y me paso el día entre agua y arena (llegando este tema de la arena a límites insospechados).

Nos echamos de menos. Yo toda la mañana frente al ordenador repaso los momentos en que habíamos dividido la jornada. Y ellos, según me dice papá, preguntan dónde está mamá. Bueno, Chiquipé pregunta por mamá. Cacún muestra su lado más “aséptico” al mirarme por encima del hombro cuando llego, como si no hiciera ocho horas que no nos vemos, como si no le importara… y luego se comporta de una manera extraña, tratando de que toda la conversación gire en torno a sus historias, haciendo participar a todo el mundo en la casa y buscando nuestra atención exclusiva… Lo veo, los veo a los dos y los conozco tanto, tan profundamente, que a veces sus gestos son claros como si estuvieran diciéndome con palabras lo que no saben decir todavía. Y podría decir aquello de “los conozco como si los hubiera parido”, pero no, no es nada apropiado. Porque en realidad y aunque los haya parido, los conozco porque los miro, los escucho y los retengo en cada minúscula partícula de mi ser…

Estamos de vuelta.

Nota: No es que sea ñoña, es que me salen las penas por el abandono obligado y la pérdida de la cotidianidad que hemos compartido todos estos días y que debiera ser la norma y no la excepción…

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