Cincuenta

August 12, 2007

Verano

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 7:22 am

Después de un mes en que lo máximo que hemos estado separados ha sido un par de horas, llegó la vuelta al trabajo y la rutina habitual. Menos mal que papá tiene vacaciones este mes y así los peques siguen teniendo horario de verano, que a grandes rasgos consiste en: me levanto tarde, me acuesto tarde y me paso el día entre agua y arena (llegando este tema de la arena a límites insospechados).

Nos echamos de menos. Yo toda la mañana frente al ordenador repaso los momentos en que habíamos dividido la jornada. Y ellos, según me dice papá, preguntan dónde está mamá. Bueno, Chiquipé pregunta por mamá. Cacún muestra su lado más “aséptico” al mirarme por encima del hombro cuando llego, como si no hiciera ocho horas que no nos vemos, como si no le importara… y luego se comporta de una manera extraña, tratando de que toda la conversación gire en torno a sus historias, haciendo participar a todo el mundo en la casa y buscando nuestra atención exclusiva… Lo veo, los veo a los dos y los conozco tanto, tan profundamente, que a veces sus gestos son claros como si estuvieran diciéndome con palabras lo que no saben decir todavía. Y podría decir aquello de “los conozco como si los hubiera parido”, pero no, no es nada apropiado. Porque en realidad y aunque los haya parido, los conozco porque los miro, los escucho y los retengo en cada minúscula partícula de mi ser…

Estamos de vuelta.

Nota: No es que sea ñoña, es que me salen las penas por el abandono obligado y la pérdida de la cotidianidad que hemos compartido todos estos días y que debiera ser la norma y no la excepción…

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