Cincuenta

February 25, 2008

Beneficios de la lectura en la vida vecinal

Archivado en: Y la nave va por cincuenta a las 9:50 am

La noche es el momento más propicio para la lectura. Todas las noches después de acostar a Cacún y Chiquipé, que tan amablemente consienten en irse a la cama a una hora prudente, mamá se arma con su última lectura, una manta de sofá y algo de beber y se sienta en el sofá del comedor a devorar.
El jueves por la noche fue una de tantas noches. Normalmente el cansancio se apodera de mamá pasadas las 12, pero ella, en lugar de irse a la cama, estira y estira los minutos… una página más, un capítulo más. Normalmente también, entre 2 y 4 de la madrugada, mamá se despierta en el sofá, torcida la cabeza en posiciones increíbles, se levanta, recoge los restos de la velada y a la cama.
El jueves sin embargo, el ritual tuvo su variación. El libro escogido para la ocasión era este. No tiene mamá por costumbre leer literatura de “terror”. Miedica que es una y poco inclinada a la temática.
Pero la historia era correcta y el ambiente hizo mella en ella que se pasó la noche mirando a un lado y a otro, tratando de distinguir e identificar los ruidos nocturnos.
Suponemos que sobre su hora habitual (sobre las 2) un pesado sueño se adueñó de ella. Pesado porque no pudo quitarse la historia de la cabeza. Así es que cuando un buen rato después sintió el peso de unas pisadas sobre su pierna, despertó de golpe en busca de quién sabe qué fantasma.
Pero no había fantasma… ¡Sobre su pierna derecha corría un ratón!
Sólo gracias a que esperaba algo peor de lo que encontró no fue presa del histerismo y empezó a gritar como una posesa. Sólo gracias a que en lugar de fantasma se encontró con un cuerpo físico real, no despertó a todo el vecindario, no llamó a la policía o a los exterminadores o a quien pudiera solucionarle la papeleta.
Así es que muy correctamente se levantó del sofá sin ver siquiera a dónde se dirigía la criatura que la había despertado, apagó las luces y se metió en la cama.
Todo el fin de semana lo ha pasado como en un “sueño” sin saber si fue real o no la presencia del animal. Finalmente otras pruebas la han llevado a confiar a Cacún su temor:

- Cacún, le dice mamá, me parece que Ratatouille se ha instalado en casa (haciendo mención a la película que con tanto gusto vimos hace un par de semanas y que Cacún utiliza para sus juegos últimamente).

- Bueno, dice papá valientemente, en realidad espero que sea Ratóntouille…

Nota: Ahora tenemos un nuevo habitante en Cincuenta y no sé cómo invitarlo a salir. Pero, por lo menos no es un fantasma

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