Cincuenta

February 7, 2008

La recogida del cole

Archivado en: Cacún, Chiquipé, Palabras mayores, Creciendo por cincuenta a las 2:05 pm

Chiquipé y mamá vamos a recoger a Cacún al cole. A veces vamos andando, a veces en coche porque no nos da tiempo de hacer la agradable ruta que hay desde casa hasta la escuela a pie.
Pero lo que es fijo todos los días es la siguiente escena.

Cacún sale de clase normalmente haciendo monerías: pone los ojos en blanco, saca la lengua, se ríe. Nunca sé si es que está contento de salir de clase o contento de vernos esperándolo a la puerta del cole. Se acerca corriendo, se para al lado de Chiquipé y poniendo voz de “adulto hablando a bebé” (esa típica voz que nos sale sola cuando nos dirigimos a un bebé) dice:

- Siri, ¿es que no le vas a decir nada a tu hermano mayor?¿Ni un beso?¿Ni hola?.

A lo que Chiquipé suele responder con un “Hola, aío” y a otra cosa mariposa.

Entonces se gira hacia mi y me suelta más serio que un notario:

- Bueno, mamá, ¿no me vas a contar lo que has hecho esta mañana?

Y así, de este modo, empiezan siempre nuestras largas tardes a tres bandas.

Nota: No sé porqué siento que debo atesorar estos momentos, estas frases… no para no olvidarlas, sino para recordar el absoluto placer que me produce estar con mis hijos.

August 27, 2007

Coincidencias

Archivado en: Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 12:52 pm

Cuando Cacún empezó a hablar durante meses todo era Cacún: los coches y las llaves (sus dos grandes pasiones durante esos meses), los libros, las fotos… cualquier cosa era cacún. Papá y mamá empezamos por extensión a llamarlo así. Pero finalmente este nombre se quedó sólo para Cincuenta.

Hace un par de meses, o quizá más y no nos dimos cuenta hasta más tarde, la pequeña Chi empezó a llamar a su hermano “Gacun” (sin acento). Al principio pensamos en que era simplemente un sonido gutural que identificaba a Cacún. Ahora, meses después y mucho más perfeccionado suena todavía más a “Cacun” (aunque sigue sin acento). Sólo utiliza esta palabra para referirse a él, es su nombre.

Curioso y gracioso.

Nota: ¿Será que Chi está leyendo a escondidas este blog?

August 24, 2007

Agua

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 10:31 am

Desde hace meses Cacún y Chiquipé se bañan juntos. Es un momento de verdadera diversión.
En la bañera tenemos una redecilla llena de juguetes que vamos cambiando con asiduidad porque el agua los estropea mucho. Chiquipé se sienta en una silla de las de bañera (que está a punto de ser dada de baja).
Al principio no se hacen ni caso. Cada uno coge uno o varios juguetes y juegan con ellos sin más. Pero enseguida empieza el auténtico baño. Cualquier pequeño movimiento por una u otra parte puede desencadenarlo: que Chiquipé quiera coger algo que le pilla más allá de Cacún; que Cacún quiera en ese mismo momento lo que Chi tiene entre manos; o, incluso, en algunas ocasiones. que mamá o papá se lancen en un ataque de momentánea locura a salpicarlos… Y de pronto, lo que era un relajante baño pasa a convertirse en “la batalla naval”.
La cosa suele acabar con los dos gritando y muertos de la risa… Y uno de nosotros tratando de secar todo lo que está empapado.

Cuando llegaron los calores, empezaron las visitas a piscinas y playas varias de las que, afortunadamente, tenemos un nutrido surtido por estos lares. Y cuando llegaron las vacaciones de papá, se añadió a todo lo anterior, la única, la estupenda, la refrescante… ¡manguera!. Desde este última entrada en escena Cacún no quiere ni entrar en la bañera. Así, cuando Chi se acerca a la cortina de la bañera y pide ¡Agua!, el baño es para ella sola.

- ¿Qué tal si nos damos un refresco aquí mismo? -pregunta Cacún a cada momento. Y entonces abre la manguera (que ya controla totalmente) y toca baño mangueril “aquí mismo” o sea, en el patio o en el jardín.

Claro que la renuncia a la bañera y el jabón no ha sido en balde, porque Cacún ha inventado toda una serie de técnicas de salida del agua, muy útiles y divertidas… Sé cómo se ven, pero todavía no sé cómo se hacen el “Doble chorro” o “La Alpina”

Nota: A ver quién vuelve a meter en la bañera a Cacún. Menos mal que nos quedan meses de calor.

August 13, 2007

Canarios y pérdidas

Archivado en: Nada especial, Y la nave va, Cacún, Creciendo por cincuenta a las 12:38 pm

Hace casi un año compramos nuestro primer canario como regalo de cumpleaños para Cacún. Tanto papá como mamá habíamos tenido canarios de pequeños en casa y en casa de nuestros respectivos abuelos. Así es que pensamos que sería una buena idea empezar a criarlos, que Cacún y Chiquipé vieran día a día vivir a los pajaritos…

En cuanto llegamos a casa, preguntamos a Cacún cómo llamar al canario. Y, como era de esperar, optó por ponerle su mismo nombre. Mala idea. Durante un par de semanas cuando una preguntaba: “¿Dónde está Cacún?” o el tan trillado “¿Qué está haciendo Cacún?”, recibía una respuesta no siempre esclarecedora de a quién hacía referencia la información, como por ejemplo: “En el jardín” o “Comiendo” o incluso “Durmiendo”. Cacún-canario fue un compañero encantador. Era precioso y al ser el primero Cacún pasaba largos ratos sentado frente a la jaula viéndolo… la primera semana. Claro que el pobre no vivió mucho más. Una noche empezó a tener unos espasmos de lo más raros, como una especie de “hipo canario”. El día siguiente se levantó igual y nos dimos cuenta que había acabado con toda la reserva de bizcocho que papá le había puesto en plan “para toda la semana”. Esa misma tarde lo encontramos muerto en la jaula. Cuando Cacún preguntó no sé porqué en lugar de decirle que había muerto me salió que se había escapado. Ni siquiera lo pensé, sólo me salió.

Papá y mamá nos negamos a darnos por vencidos tan pronto. Como el atracón fue la causa que atribuimos a tan prematura muerte, pensamos que sólo era cuestión de no darle más bizcocho. Volvimos a comprar otro macho. El nuevo canario no tomó el nombre de Cacún porque a éste se le ocurrió que un nombre mejor era Cincuenta. Y Cincu pasó a ser uno más en la familia. Durante algún tiempo pensamos que no cantaba porque estaba asustado por tanto cambio; luego pensamos que no cantaba porque era demasiado joven; finalmente creímos que no cantaba porque no tenía una hembra cerca…

Pasado un tiempo prudencial de un par de semanas, decidimos comprar una canaria. Por aquello de la parejita… porque el pobre Cincu estaba muy solito y no le salía la voz del cuerpo. Y así llegó a casa la que estaba destinada a ser la compañera de Cincu y madre de los futuros retoños canarios. Todo empezó a ser muy raro. Porque Cincu siguió sin cantar ni hacer intento alguno. La familia más especialista en estos temas concluyó que Cincu no era un macho, era una hembra, cosa que aceptamos a regañadientes porque ahora teníamos dos hembras y lo de la crianza iba a estar complicado. Lamentablemente la compañera de Cincu no duró más que dos días. Ya venía en mal estado de la tienda, pero la llegada a casa y la disputa por la jaula con Cincu no favorecieron en nada su delicada salud. Esta vez sí le dijimos a Cacún que la pobre canaria (de quien no recuerdo el nombre, aunque sé que lo tuvo) había muerto. No hubo más preguntas. Todavía estaba Cincu que, aunque había pasado a ser una canaria, todavía era preferido por Cacún.

El tito Albert nos ofreció a su “Macho machote” para tratar de criar antes de que acabara la primavera. Los dos se llevaron muy bien nada más verse y durante un tiempo pudimos disfrutar de su “baile del apareamiento”. Todo iba de maravilla. Cincu empezó a poner huevos, uno por día hasta un total de cuatro. Y entonces una desafortunada decisión hizo que todo se fuera al traste. Consideramos que el lugar escogido estaba un poco en el paso, que Cincu necesitaría tranquilidad en estos momentos y que si cambiamos la orientación sería mucho mejor para el empolle. Así es que cambiamos la jaula de orientación. Cincu salió espantada y ya no quiso entrar en el nido más. MM trató de hacerla entrar por todos los medios, empujando, piando, cantando, colocándose sobre los huevos… no hubo manera. Dimos por perdidos los huevos, pero pensamos que todavía estábamos a tiempo de una nueva puesta.

A la mañana siguiente, al salir a trabajar, me di cuenta de que la jaula estaba vacía. El nido se había caído al suelo, los huevos no estaban y los canarios tampoco. Responsabilizamos a los gatos del barrio. Pero después de jurar venganza, un examen más minucioso de la jaula y los restos nos indicó que se había caído el nido por falta de agarre. Seguramente entraron los dos a la vez y se desplomó todo. Esta vez fue la más triste para mi. A Cacún no le dijimos nada de muerte, sólo le explicamos la desaparición. El cree que están por ahí viviendo tranquilamente, en plan familia tradicional. ¡Qué tierno!

Papá entró en modo Scarlett O’Hara y me puso por testigo de que nunca más compraría un canario. Pero si es triste que desaparezcan, más triste es tener la jaula vacía, colgando de la pared… es un tanto deprimente. Y papá no acepta una derrota como resultado final. Así es que volvió a pedir la revancha y así fue como llegó nuestro último inquilino a casa. Al principio Cacún decidió que se llamaría Edu. Pero todos nos equivocamos constantemente y le llamamos Cincu. Así es que por unanimidad (incluso Chiquipé levantó la mano) lo renombramos a Cincu. Es el segundo más bonito (Cincu “the first” era el más bonito con diferencia) y el primero en canto… Y todos deseamos que tenga una larga y productiva vida.

Nota: Esperaremos hasta primavera para volver a intentar la crianza. Lo bueno de todo esto es que ya hemos corregido algunas prácticas nocivas y creemos poder afirmar que no se volverán a repetir las circunstancias que condujeron a esas pérdidas. Continuará…

August 12, 2007

Verano

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 7:22 am

Después de un mes en que lo máximo que hemos estado separados ha sido un par de horas, llegó la vuelta al trabajo y la rutina habitual. Menos mal que papá tiene vacaciones este mes y así los peques siguen teniendo horario de verano, que a grandes rasgos consiste en: me levanto tarde, me acuesto tarde y me paso el día entre agua y arena (llegando este tema de la arena a límites insospechados).

Nos echamos de menos. Yo toda la mañana frente al ordenador repaso los momentos en que habíamos dividido la jornada. Y ellos, según me dice papá, preguntan dónde está mamá. Bueno, Chiquipé pregunta por mamá. Cacún muestra su lado más “aséptico” al mirarme por encima del hombro cuando llego, como si no hiciera ocho horas que no nos vemos, como si no le importara… y luego se comporta de una manera extraña, tratando de que toda la conversación gire en torno a sus historias, haciendo participar a todo el mundo en la casa y buscando nuestra atención exclusiva… Lo veo, los veo a los dos y los conozco tanto, tan profundamente, que a veces sus gestos son claros como si estuvieran diciéndome con palabras lo que no saben decir todavía. Y podría decir aquello de “los conozco como si los hubiera parido”, pero no, no es nada apropiado. Porque en realidad y aunque los haya parido, los conozco porque los miro, los escucho y los retengo en cada minúscula partícula de mi ser…

Estamos de vuelta.

Nota: No es que sea ñoña, es que me salen las penas por el abandono obligado y la pérdida de la cotidianidad que hemos compartido todos estos días y que debiera ser la norma y no la excepción…

April 18, 2007

Caídas

Archivado en: Y la nave va, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 11:19 am

Ahora que los mocos nos dejan espacio libre, Chiquipé ha empezado a compartir otros fluidos con la familia y amigos.
Dos veces, dos se cayó ayer mordiéndose el labio y sangrando (¡con lo escandalosa que es la sangre!) La abuela Eli me lo contaba compungida, no sé si pensando que yo la responsabilizaría o sintiéndose ella responsable.

Pero la cosa está así: Chiquipé está empezando a pasar el día de pie, no quiere sentarse para nada ni trasladarse de otro modo que no sea andando; tiene que aprender y, lamentablemente, se cae y seguirá cayéndose hasta que tenga equilibrio y práctica suficiente. Incluso después.
Así es que la abuela sólo puede hacer lo que hizo: consolarla y quererla.
Y gracias a las abuelas porque están ahí.

Esta mañana se ha levantado con una ligera hinchazón en el labio, que no le ha impedido en ningún momento seguir comiendo tan bien como siempre.

Nota: ¿No es sorprendente cómo cambia la cara un ligero cambio en un labio?

Moda

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Creciendo por cincuenta a las 11:04 am

Que Cacún esté tan preocupado habitualmente por la ropa que se pone y la que no, que tenga claras sus preferencias en materia de colores y estilos, que se niegue rotundamente a ponerse según qué y en cambio no quiera quitarse según qué otras cosas… vamos, su actitud general en el tema vestuario/moda, me hace preguntarme ¿de dónde le vendrá al niño? Porque cualquiera que conozca a los padres de la criatura jamás podrá tenernos por “estilosos” o preocupados en modo alguno por materia de vestuario…

Fin de semana. Por enésima vez saco el polo de rayas en distintos tonos de marrón y naranja que sólo he conseguido que se ponga una vez. Vuelvo a intentarlo porque está tan nuevo y es tan bonito y le queda tan bien… y porque me sabe fatal tenerlo en el armario mientras siempre se pone las mismas tres camisetas.

- Mamá, no me gusta. Esta camiseta no me gusta.
(Entro en modo “tratando de razonar”)
- Pero, Da, si es muy nueva, y muy bonita… Me gustaría que te la probaras.
- Pero es que a mi no me gustan las rayas.
- Lo sé pero la camiseta que has escogido es de rayas, por eso pensaba que ahora sí te gustaban.

(Ya hemos pasado por esto antes. Lo sabe y no está dispuesto a volver a discutir)

- Es que, mira, mamá… ¿no ves que esta camiseta es del otoño? Y ahora ya no es otoño. Estamos en primavera.
- ¿Cómo que es del otoño?- le digo pensando en el grosor de la camiseta…
- Claro, tiene los colores del otoño, por eso es para el otoño.

Vale. La guardaré en el armario hasta el próximo otoño. Y volveré a la carga.

La semana pasada traté de hacer un trato con él. Un día escoge él la ropa y otro día yo. Hasta ahora siempre escogía la ropa que le gustaba en mi turno, que la idea no es fastidiarlo, ni obligarlo… pero hoy estaba sin pantalones de los que le gustan. Así es que he tenido que ponerle unos vaqueros. Caos.
- Mamá, con estos pantalones todos mis compañeros va a decir que estoy feo.
- ¿Cómo? (¡¿con tres años?! -pienso yo) Pero, ¿cómo van a decir eso?
- Que sí, que no me gustan y estoy feo.
- ¿Feo?¿Pero cómo vas a estar feo? (¡Tú no puedes estar feo aunque quieras!, me dan ganas de decirle) Vale, está bien, si alguien cree que estas feo le tienes que decir que, aunque a él no le guste, son pantalones de mayores y tú eres mayor, ¿no?
- Claro
- Además, si te dicen eso es porque necesitan gafas…
No lo ha entendido, normal, pero es que no sé cómo explicarle que lo que digan los demás (que por otra parte dudo que digan algo así, más me parece que es su excusa) no tiene que ser importante.

Pero también tenemos momentos de cambio. A principio de invierno le compré un chaleco con forro polar. Como el del abuelo, le dije justo cuando puso cara de “no me gusta”. No hubo manera. Todo el invierno tratando de ponérselo y nada.
Hace dos o tres semanas (sí, ahora que está acabando el invierno) volví a sacarlo para hacer un nuevo intento. De pronto, una lucecita:
- Mira, tiene los colores de spiderman
Lo vi en sus ojos. Definitivo.
La semana pasada me dijo:
- Mamá, le tienes que decir a papá que siempre me quiero poner esta chaqueta. Pero siempre ¿eh?, en casa, para ir al cole…
- Vale, se lo diré
Y ya marchándose hacia el jardín, como hablando para él:
- Porque tiene los colores de Spiderman…

Nota: A veces encuentras el interruptor…

April 17, 2007

Lunes cansado

Archivado en: Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 11:18 am

Chiquipé está molida con el tema dental. La salida se está alargando muchísimo y los dolores también. La noche del domingo al lunes fue muy movidita. De hecho mamá durmió apenas tres horas. Así es que ayer, lunes, fue un día de sueño con mayúsculas.

Chiquipé pasó la mañana durmiendo (recuperándose), pero Cacún no durmió nada, absolutamente nada. De hecho el tito Ginés trató de acostarse con él a dormir la siesta y prácticamente fue él quien se quedó dormido mientras Cacún salía de la habitación dispuesto a seguir correteando.

Mamá no fue a trabajar por la tarde. Y estuvimos en el parque un buen rato. Y luego jugando en casa. Y, menos mal que la tarde no se alargó más porque el peque estaba taaan cansado que a última hora no paraba de darse golpes contra todo, de la pura torpeza que le provocaba el cansancio.

A las 9 ya estaba durmiendo. Llegamos de casa de los abuelos, él dormido en el coche. Lo subí a su habitación y cuando estaba quitándole la ropa abrió los ojos y dijo:
- Mamá, estoy muy cansado. No quiero ponerme el pijama. Y hoy tampoco quiero ponerme el pañal.
- ¿Estás seguro?
- Sí, mamá, de verdad.
- Está bien, cariño.

Pensé durante un momento en ponerle el pañal cuando me acostara, porque levantarme en mitad de la noche a cambiar sábanas, mantas y demás parafernalia no me apetecía. Pero decidí que no estaba bien. Si Cacún me lo había pedido y yo había aceptado, tenía que tirar para adelante con las consecuencias. Y, efectivamente, no se lo puse. Y esta mañana nos hemos despertado tempraneros y secos.

Cuando le quitamos el pañal a Cacún, lo hicimos casi del tirón. Durante el día, exceptuando alguna vez de despiste mientras hacía cosas más importantes (todo lo es antes que ir al baño), la cosa fue rápida. Pero la noche no. Estaba claro que no estaba maduro para notar que quería ir al baño. Notamos que se sentía muy mal cada vez que se hacía pis en la cama (yo también, claro) Así es que volvimos al pañal nocturno y todos dormimos mejor. El sueño es muy importante, demasiado como para jugar con él. Hace meses que Cacún se levanta con el pañal seco. Pero esperamos que sea él quien pida no más pañales… Si esto de hoy no ha sido definitivo, el calorcito que nos espera en breve lo será.

Nota: Estoy muy contenta por este nuevo progreso de Cacún, adquirido por él solito.

Andando

Archivado en: Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 10:24 am

Viernes tarde. Después de comer en casa de los abuelos del campo, de charla en el comedor, esperamos que Cacún termine de comer. La siesta ha sido larga (los viernes nos levantamos más temprano que el resto de los días) y se ha levantado muy hambriento.

Chiquipé está en la alfombra, buscando qué coger o qué tocar o dónde ir… Localiza el matamoscas, objeto con grado casi de culto para el abuelo. Lo coge. Parece que lo maneja muy bien. Se pone de pie con el matamoscas en la mano, a modo de agarre. El abuelo coge un segundo matamoscas (nunca son suficientes) y se lo da. Lo coge con la otra mano y… ¿qué es esto? Matamoscas en mano, se lanza a andar: a la cocina, de nuevo al comedor y una ida y vuelta constante, parando de vez en cuando para reír y aplaudir, loca de emoción.

Y, sí, nos damos cuenta… Chiquipé, aunque ya había dado sus primeros pasos, no había descubierto hasta ese momento que podía andar, desplazarse a esa altura, mantener el equilibrio, incluso esquivar pequeños obstáculos.

Todo el fin de semana andando sin parar, investigando los diferentes rincones de la casa, emocionada por su nueva perspectiva… tan emocionada, de hecho, que ni siquiera ha intentado subir las escaleras. Incluso se resiste a gatear.

Anda de una manera muy graciosa, con las piernas muy abiertas (como si acabara de bajar del caballo) Va mirándose los pies y manteniendo el equilibro con un ligero balanceo. Se levanta y se agacha muy bien y en cuanto ve que le falta el equilibrio se pone en cuclillas hasta que recupera el equilibrio. De vez en cuando se para, sonríe y se aplaude… Es genial.

El inicio en la vertical de Cacún fue tan diferente como casi todas las demás fases de sus crecimientos respectivos. Cacún casi no gateó. Con once meses dio sus primeros dos pasos y después ya no paró… Siempre fue muy seguro en sus pasos y antes de cumplir el año ya andaba bastante bien.

Nota: La pequeña Chiquipé ya se ha unido al club de las dos patas ¡La de kilómetros que le quedan!

April 10, 2007

Independencia

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Creciendo por cincuenta a las 6:43 am

Cacún está subiendo peldaños muy rápido en cuanto al tema de la independencia se refiere. Hasta hace dos semanas en cuanto abría los ojos por la mañana tenía que despertarnos a papá o a mamá para que lo acompañáramos al piso de abajo.
Hace un par de semanas, me desperté y vi que no estaba en la cama. Me quedé un rato con Chiquipé, esperando a ver si decía algo. Hasta que al ratito de estar oyéndolo trajinar por allí abajo, se puso a los pies de la escalera y gritó:

-¡Tengo hambre!. Me duele la barriga del hambre que tengo…

Así es que bajé sorprendida porque hubiera estado un buen rato abajo sin necesidad de tenernos a su lado. Esto lo ha repetido varias veces desde que ese día.

También últimamente ha adoptado nuevos métodos a la hora de mostrar su enfado por no conseguir lo que quiere. Se enfurruña y se marcha ofendido a esconderse en alguna parte. Y cuesta sacarlo del mosqueo… El sábado, lloviendo a mares, se dirigió dignamente a la puerta de la calle, salió y cuando vió cómo caía, se descolocó y tuvo que reinventarse un nuevo “sitio del orgullo herido”.

Y el domingo nos comunicó muy seriamente que quería hacerse un tatuaje. Comunicación posterior a la artística elaboración de un par de “pinturas/tatuaje” en su cuerpo: una araña en la mano (estamos en plena fiebre Spidermaníaca) y un dragón en su barriga. Además de decorar todo el cuarto de baño con su rotulador. Menos mal que después lo limpió todo (y que el rotulador era de tinta lavable)

Nota: Me encanta Cacún… y sus cosas

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