Cincuenta

February 25, 2008

Beneficios de la lectura en la vida vecinal

Archivado en: Y la nave va por cincuenta a las 9:50 am

La noche es el momento más propicio para la lectura. Todas las noches después de acostar a Cacún y Chiquipé, que tan amablemente consienten en irse a la cama a una hora prudente, mamá se arma con su última lectura, una manta de sofá y algo de beber y se sienta en el sofá del comedor a devorar.
El jueves por la noche fue una de tantas noches. Normalmente el cansancio se apodera de mamá pasadas las 12, pero ella, en lugar de irse a la cama, estira y estira los minutos… una página más, un capítulo más. Normalmente también, entre 2 y 4 de la madrugada, mamá se despierta en el sofá, torcida la cabeza en posiciones increíbles, se levanta, recoge los restos de la velada y a la cama.
El jueves sin embargo, el ritual tuvo su variación. El libro escogido para la ocasión era este. No tiene mamá por costumbre leer literatura de “terror”. Miedica que es una y poco inclinada a la temática.
Pero la historia era correcta y el ambiente hizo mella en ella que se pasó la noche mirando a un lado y a otro, tratando de distinguir e identificar los ruidos nocturnos.
Suponemos que sobre su hora habitual (sobre las 2) un pesado sueño se adueñó de ella. Pesado porque no pudo quitarse la historia de la cabeza. Así es que cuando un buen rato después sintió el peso de unas pisadas sobre su pierna, despertó de golpe en busca de quién sabe qué fantasma.
Pero no había fantasma… ¡Sobre su pierna derecha corría un ratón!
Sólo gracias a que esperaba algo peor de lo que encontró no fue presa del histerismo y empezó a gritar como una posesa. Sólo gracias a que en lugar de fantasma se encontró con un cuerpo físico real, no despertó a todo el vecindario, no llamó a la policía o a los exterminadores o a quien pudiera solucionarle la papeleta.
Así es que muy correctamente se levantó del sofá sin ver siquiera a dónde se dirigía la criatura que la había despertado, apagó las luces y se metió en la cama.
Todo el fin de semana lo ha pasado como en un “sueño” sin saber si fue real o no la presencia del animal. Finalmente otras pruebas la han llevado a confiar a Cacún su temor:

- Cacún, le dice mamá, me parece que Ratatouille se ha instalado en casa (haciendo mención a la película que con tanto gusto vimos hace un par de semanas y que Cacún utiliza para sus juegos últimamente).

- Bueno, dice papá valientemente, en realidad espero que sea Ratóntouille…

Nota: Ahora tenemos un nuevo habitante en Cincuenta y no sé cómo invitarlo a salir. Pero, por lo menos no es un fantasma

September 13, 2007

Pintura

Archivado en: Y la nave va, Actividades, Cacún, Chiquipé, Outdoors por cincuenta a las 12:57 pm

Chiquipé adora pintar. Hace meses que lo pide; “intá” dice mientras coloca la mano como si cogiera un lápiz y la mueve de arriba a abajo. Cuando coge los papeles/libretas/libros (uno de mis libros de cocina se encuentra entre sus favoritos y no me extraña porque el papel es muy agradable para pintar) y los lápices/rotuladores/ceras/bolígrafos, puede pasar mucho rato, pero mucho entretenida. Para mamá lo peor es que le pide que le dibuje cosas. Y, que nadie se entere, mamá es una auténtica manazas del dibujo. Así es que trato de hacer cosas y ella trata de reconocerlas.

Hace unas dos semanas dibujé un coche y un niño. Chiquipé lo paseó por toda la casa hasta que, en un cambio de actividad cualquiera, lo dejó por ahí. Al cabo de un buen rato Cacún llegó corriendo: “¡¡Mamá, mira lo que ha hecho Chi!!” Tras superar la inquietud que me provoca escuchar una frase como esa, me acerqué a ver qué había hecho…
“Mira, mamá, a dibujado un coche. Pero mira qué coche más bien hecho. Dibuja muy bien.”
¡Qué gracia! Me dio hasta un poco de pena desilusionarlo y decirle que el dibujo era mío, de lo emocionado que estaba. Pero no, al final resopló y dijo:
“¡Ah, claro! Estaba demasiado bien”

Estos últimos días de buen tiempo hemos sacado el papel continuo al jardín, las pinturas y las pinturas dedos. Y Chiquipé no sólo no ha probado ninguna de ellas, sino que además ha mostrado un exquisito cuidado en su utilización y una emoción sorprendente al coger la pintura y esparcirla por el papel. Huelga decir que el resultado final fue de inmersión completa en agua caliente, tanto de Chi y Cacún como del suelo del jardín. Pero eso no es un mal resultado, todo lo contrario..

Ayer justo me pidió que le dibujara un pulpo “Puupppo”. Yo hice todo lo que pude, realmente lo intenté. Cuando se lo enseñé no sólo no reconoció el animal, sino que insistía una y otra vez en darme un lápiz y pedirme un pulpo “Puuppo” mientras señalaba la hoja. Ejem, lo siento hija pero es que un pulpo no me sale mejor…

Nota: Estoy convencida que se va a divertir mucho más que Cacún en la guardería, porque a este le aburre muchísimo pintar y me temo que es de las actividades más propuestas

Ocupada

Archivado en: Retos, Y la nave va por cincuenta a las 12:31 pm

Estoy en un estado de ocupación cercano al 100%; vamos que me cuesta más encontrar tiempo para escribir que una entrada para ver a Les Luthiers.

Harta como estoy de mi situación laboral, he optado por estudiar las oposiciones a las que me vengo negando años. Y, en un esfuerzo impresionante, he tomado la decisión de abandonar momentáneamente todos los hobbies que me hacen tan feliz. Bueno, casi todos o casi todo el tiempo, que una no es tan sacrificada.

Es posible que no pueda escribir en dos o tres meses. O incluso es posible que escriba pero no pueda contestar, ni leer lo que me escriben…

Nota: Espero volver a escribir con un post lleno de agradables sorpresas… ¡sean felices!

August 24, 2007

Agua

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 10:31 am

Desde hace meses Cacún y Chiquipé se bañan juntos. Es un momento de verdadera diversión.
En la bañera tenemos una redecilla llena de juguetes que vamos cambiando con asiduidad porque el agua los estropea mucho. Chiquipé se sienta en una silla de las de bañera (que está a punto de ser dada de baja).
Al principio no se hacen ni caso. Cada uno coge uno o varios juguetes y juegan con ellos sin más. Pero enseguida empieza el auténtico baño. Cualquier pequeño movimiento por una u otra parte puede desencadenarlo: que Chiquipé quiera coger algo que le pilla más allá de Cacún; que Cacún quiera en ese mismo momento lo que Chi tiene entre manos; o, incluso, en algunas ocasiones. que mamá o papá se lancen en un ataque de momentánea locura a salpicarlos… Y de pronto, lo que era un relajante baño pasa a convertirse en “la batalla naval”.
La cosa suele acabar con los dos gritando y muertos de la risa… Y uno de nosotros tratando de secar todo lo que está empapado.

Cuando llegaron los calores, empezaron las visitas a piscinas y playas varias de las que, afortunadamente, tenemos un nutrido surtido por estos lares. Y cuando llegaron las vacaciones de papá, se añadió a todo lo anterior, la única, la estupenda, la refrescante… ¡manguera!. Desde este última entrada en escena Cacún no quiere ni entrar en la bañera. Así, cuando Chi se acerca a la cortina de la bañera y pide ¡Agua!, el baño es para ella sola.

- ¿Qué tal si nos damos un refresco aquí mismo? -pregunta Cacún a cada momento. Y entonces abre la manguera (que ya controla totalmente) y toca baño mangueril “aquí mismo” o sea, en el patio o en el jardín.

Claro que la renuncia a la bañera y el jabón no ha sido en balde, porque Cacún ha inventado toda una serie de técnicas de salida del agua, muy útiles y divertidas… Sé cómo se ven, pero todavía no sé cómo se hacen el “Doble chorro” o “La Alpina”

Nota: A ver quién vuelve a meter en la bañera a Cacún. Menos mal que nos quedan meses de calor.

August 17, 2007

Cumpleaños feliz

Archivado en: Y la nave va, Cacún por cincuenta a las 7:21 am

Cacún cumple cuatro años y, aunque las celebraciones oficiales serán mañana, hoy es el día.
Es nuestro día y estoy tan emocionada como él. Bueno, no sé… porque él lleva meses esperando que llegue su cumple, esperando para ser el “jefe” y hacer “todo lo que quiera”. Y dicho así suena como si no fuera eso lo que hace prácticamente todos los días.

Ayer antes de acostarme, nos recordaba a papá y a mi paseando por los pasillos del hospital (en el que ya llevábamos casi una semana esperándote)…

Sábado, 16 de agosto de 2003, un verano especialmente caluroso. Desde el lunes anterior ingresada. Durante toda la tarde tuvimos visita: familia y amigos que nos venían a ver, a comprobar que seguíamos intactos. Después de la cena (que en los hospitales es una cena muy europea en horario) empecé a sentirme molesta. No diría que fueran dolores, más bien una ligera “presión” con ocasionales “pinchazos”. Ya nos habían dicho que había que andar, así es que seguimos con nuestra rutina de subir y bajar escaleras. En menos de dos horas de paseo, las ligeras molestias pasaron a ser dolores ligeros y sobre las 10 dolores continuados y nada “ligeros”.

Una que se había leído todo lo que había caído en sus manos y no quería molestar mucho a los trabajadores del hospital, muy discretamente llamó al interfono de su habitación y solicitó la visita de la matrona. Esta apareció bastante calmada unos (largos) minutos después. Y fue la primera en inaugurar una noche de “comprobaciones manuales de la dilatación” que dicho así queda mejor que lo que en realidad sentí durante todo ese tiempo en que cada vez que entraba alguien con bata blanca me abría las piernas y metía la mano a ver qué encontraba.

A las 23 horas, con 4 centímetros de dilatación, me bajaron a paritorio. Y allí empezó la preparación al parto, que es como si de pronto tú dejaras de ser la actriz principal y todo el mundo a tu alrededor se empeñara en sacar adelante algo que tú eres la única que puede sacar adelante. Para las que estén interesadas: me raparon, me pusieron enemas molestísimos , me quitaron la ropa, me pusieron la epidural (esto sí lo pedí yo) y me obligaron a tumbarme con el monitor puesto. En ese momento dejaron entrar a papá. Que pienso yo que si no los dejan entrar antes, ¿por qué es? Imagino que nadie allí pensará que puede dar mal rollo a “papá” verte en ninguna de las situaciones en que te ves, que si estás preñada y a punto de parir va a ser porque papá ya lo ha visto casi todo, ¿no?. Bueno, la cuestión es que las instrucciones eran precisas: el bebé estaba muy arriba y, aunque ya estaba casi dilatada había que hacerlo bajar. Así es que papá controlaba el monitor y yo hacía pujas obedientemente cuando el dibujo de la máquina indicaba que tenía que hacerlo.

Después de las comprobaciones de no sé cuántas matronas, médicos, enfermeras rasas y hasta me atrevería a decir que auxiliares, uno de ellos entró con una aguja enorme y sin decirme nada me rompió la bolsa. También sin decirme nada se retiró dejándome un chorreo que yo apenas notaba. ¡Vaya! Después de tanto tiempo pensando mientras me bañaba en la playa o en la piscina, si sabría reconocer la rotura de la bolsa, resultó que después de mi primer parto tampoco iba a resolver la incógnita.

Antes de las 3 estaba completamente dilatada. Me pasaron a paritorio. Pero no dejaron entrar a papá porque no sabían si iban a tener que utilizar fórceps ya que el bebé estaba todavía muy arriba. Mientras entraba yo sola, vi al médico recién levantado. Y antes de que me diera cuenta hizo subir al que me había roto la bolsa sobre mi barriga y empujar. Yo no noté absolutamente nada y en menos de 5 minutos mi expulsivo terminó. En cuanto sacaron a Darío yo sólo quería verlo. Llevaba meses esperando sólo para tocarlo. Pero no. Se lo llevaron a hacerle esas pruebas que hacen nada más nacer y cuando le dije a la enfermera o a la horrible bruja mala que me atendió después: “Quiero ver a mi hijo”, me soltó un “¡Ya tendrás tiempo de verlo toda la vida!” Esto último me provocó una terrible necesidad de saltar de la camilla y tirarme a su cuello en modo vampiro. Ahí entendí porqué te atan los pies a los estribos esos y porqué tenía un gotero puesto: es realmente difícil saltar al cuello de alguien en esa postura.

Podéis pensar que mi experiencia de parto no fue muy buena, sin embargo debo decir que, hasta que pasé por mi segunda experiencia de parto, o sea, hasta que nació Chiquipé, juraba a quien me quisiera escuchar que mi parto había sido genial. Y es que una no valora lo que tiene hasta que lo puede comparar con lo que no tiene o lo que quiere.

Mi primer recuerdo de Cacún es en la sala post-parto. Estaba en la incubadora (porque en verano por el aire acondicionado siempre los meten en la incubadora hasta que nos suben a planta). Estaba despierto y abría la boca increíblemente, apoyándola contra uno de los cristales. Recuerdo pensar que cómo podía haber parido un niño tan guapo, tan perfecto. Y también pensar que aquello había comenzado realmente bien. Y, aunque este último pensamiento en mi siempre es predecesor de pensamientos del tipo “ahora todo irá a peor”, en esa ocasión no sonó por ninguna parte. Recuerdo un cansancio infinito y placentero. Allí estaba Cacún y ahora teníamos que conocernos… Toda una aventura por delante.

Nota: Desde que sufrí en propias carnes la narración personal de cada mujer que me encontraba acerca de sus partos y sus (casi siempre) desgraciadas experiencias, procuro no añadir estrés extra al hecho ya de por sí estresante de tener que parir. Pero si alguien me pregunta directamente digo que he tenido dos partos fantásticos. Y que después de pasar por las dos experiencias prefiero un parto sin epidural y sin médico. Pero para el segundo parto, habrá que esperar a diciembre.

August 13, 2007

Canarios y pérdidas

Archivado en: Nada especial, Y la nave va, Cacún, Creciendo por cincuenta a las 12:38 pm

Hace casi un año compramos nuestro primer canario como regalo de cumpleaños para Cacún. Tanto papá como mamá habíamos tenido canarios de pequeños en casa y en casa de nuestros respectivos abuelos. Así es que pensamos que sería una buena idea empezar a criarlos, que Cacún y Chiquipé vieran día a día vivir a los pajaritos…

En cuanto llegamos a casa, preguntamos a Cacún cómo llamar al canario. Y, como era de esperar, optó por ponerle su mismo nombre. Mala idea. Durante un par de semanas cuando una preguntaba: “¿Dónde está Cacún?” o el tan trillado “¿Qué está haciendo Cacún?”, recibía una respuesta no siempre esclarecedora de a quién hacía referencia la información, como por ejemplo: “En el jardín” o “Comiendo” o incluso “Durmiendo”. Cacún-canario fue un compañero encantador. Era precioso y al ser el primero Cacún pasaba largos ratos sentado frente a la jaula viéndolo… la primera semana. Claro que el pobre no vivió mucho más. Una noche empezó a tener unos espasmos de lo más raros, como una especie de “hipo canario”. El día siguiente se levantó igual y nos dimos cuenta que había acabado con toda la reserva de bizcocho que papá le había puesto en plan “para toda la semana”. Esa misma tarde lo encontramos muerto en la jaula. Cuando Cacún preguntó no sé porqué en lugar de decirle que había muerto me salió que se había escapado. Ni siquiera lo pensé, sólo me salió.

Papá y mamá nos negamos a darnos por vencidos tan pronto. Como el atracón fue la causa que atribuimos a tan prematura muerte, pensamos que sólo era cuestión de no darle más bizcocho. Volvimos a comprar otro macho. El nuevo canario no tomó el nombre de Cacún porque a éste se le ocurrió que un nombre mejor era Cincuenta. Y Cincu pasó a ser uno más en la familia. Durante algún tiempo pensamos que no cantaba porque estaba asustado por tanto cambio; luego pensamos que no cantaba porque era demasiado joven; finalmente creímos que no cantaba porque no tenía una hembra cerca…

Pasado un tiempo prudencial de un par de semanas, decidimos comprar una canaria. Por aquello de la parejita… porque el pobre Cincu estaba muy solito y no le salía la voz del cuerpo. Y así llegó a casa la que estaba destinada a ser la compañera de Cincu y madre de los futuros retoños canarios. Todo empezó a ser muy raro. Porque Cincu siguió sin cantar ni hacer intento alguno. La familia más especialista en estos temas concluyó que Cincu no era un macho, era una hembra, cosa que aceptamos a regañadientes porque ahora teníamos dos hembras y lo de la crianza iba a estar complicado. Lamentablemente la compañera de Cincu no duró más que dos días. Ya venía en mal estado de la tienda, pero la llegada a casa y la disputa por la jaula con Cincu no favorecieron en nada su delicada salud. Esta vez sí le dijimos a Cacún que la pobre canaria (de quien no recuerdo el nombre, aunque sé que lo tuvo) había muerto. No hubo más preguntas. Todavía estaba Cincu que, aunque había pasado a ser una canaria, todavía era preferido por Cacún.

El tito Albert nos ofreció a su “Macho machote” para tratar de criar antes de que acabara la primavera. Los dos se llevaron muy bien nada más verse y durante un tiempo pudimos disfrutar de su “baile del apareamiento”. Todo iba de maravilla. Cincu empezó a poner huevos, uno por día hasta un total de cuatro. Y entonces una desafortunada decisión hizo que todo se fuera al traste. Consideramos que el lugar escogido estaba un poco en el paso, que Cincu necesitaría tranquilidad en estos momentos y que si cambiamos la orientación sería mucho mejor para el empolle. Así es que cambiamos la jaula de orientación. Cincu salió espantada y ya no quiso entrar en el nido más. MM trató de hacerla entrar por todos los medios, empujando, piando, cantando, colocándose sobre los huevos… no hubo manera. Dimos por perdidos los huevos, pero pensamos que todavía estábamos a tiempo de una nueva puesta.

A la mañana siguiente, al salir a trabajar, me di cuenta de que la jaula estaba vacía. El nido se había caído al suelo, los huevos no estaban y los canarios tampoco. Responsabilizamos a los gatos del barrio. Pero después de jurar venganza, un examen más minucioso de la jaula y los restos nos indicó que se había caído el nido por falta de agarre. Seguramente entraron los dos a la vez y se desplomó todo. Esta vez fue la más triste para mi. A Cacún no le dijimos nada de muerte, sólo le explicamos la desaparición. El cree que están por ahí viviendo tranquilamente, en plan familia tradicional. ¡Qué tierno!

Papá entró en modo Scarlett O’Hara y me puso por testigo de que nunca más compraría un canario. Pero si es triste que desaparezcan, más triste es tener la jaula vacía, colgando de la pared… es un tanto deprimente. Y papá no acepta una derrota como resultado final. Así es que volvió a pedir la revancha y así fue como llegó nuestro último inquilino a casa. Al principio Cacún decidió que se llamaría Edu. Pero todos nos equivocamos constantemente y le llamamos Cincu. Así es que por unanimidad (incluso Chiquipé levantó la mano) lo renombramos a Cincu. Es el segundo más bonito (Cincu “the first” era el más bonito con diferencia) y el primero en canto… Y todos deseamos que tenga una larga y productiva vida.

Nota: Esperaremos hasta primavera para volver a intentar la crianza. Lo bueno de todo esto es que ya hemos corregido algunas prácticas nocivas y creemos poder afirmar que no se volverán a repetir las circunstancias que condujeron a esas pérdidas. Continuará…

August 12, 2007

Verano

Archivado en: Y la nave va, Cacún, Chiquipé, Creciendo por cincuenta a las 7:22 am

Después de un mes en que lo máximo que hemos estado separados ha sido un par de horas, llegó la vuelta al trabajo y la rutina habitual. Menos mal que papá tiene vacaciones este mes y así los peques siguen teniendo horario de verano, que a grandes rasgos consiste en: me levanto tarde, me acuesto tarde y me paso el día entre agua y arena (llegando este tema de la arena a límites insospechados).

Nos echamos de menos. Yo toda la mañana frente al ordenador repaso los momentos en que habíamos dividido la jornada. Y ellos, según me dice papá, preguntan dónde está mamá. Bueno, Chiquipé pregunta por mamá. Cacún muestra su lado más “aséptico” al mirarme por encima del hombro cuando llego, como si no hiciera ocho horas que no nos vemos, como si no le importara… y luego se comporta de una manera extraña, tratando de que toda la conversación gire en torno a sus historias, haciendo participar a todo el mundo en la casa y buscando nuestra atención exclusiva… Lo veo, los veo a los dos y los conozco tanto, tan profundamente, que a veces sus gestos son claros como si estuvieran diciéndome con palabras lo que no saben decir todavía. Y podría decir aquello de “los conozco como si los hubiera parido”, pero no, no es nada apropiado. Porque en realidad y aunque los haya parido, los conozco porque los miro, los escucho y los retengo en cada minúscula partícula de mi ser…

Estamos de vuelta.

Nota: No es que sea ñoña, es que me salen las penas por el abandono obligado y la pérdida de la cotidianidad que hemos compartido todos estos días y que debiera ser la norma y no la excepción…

July 6, 2007

Junio en blanco

Archivado en: Nada especial, Y la nave va por cincuenta a las 1:39 pm

El mes de junio ha sido un poco difícil. Nada grave, quede claro. Más bien una sucesión de resfriados (primero yo y luego los dos peques) y un exceso de trabajo por acabar antes de las más que ansiadas, ansiadísimas VACACIONES.
Por supuesto las vacaciones llegaron y hemos pasado unos días deliciosos tratando de adaptarnos a la falta de obligaciones.
Y yo apuntando en mi libreta todos los títulos para los posts que quiero escribir. Y todos los libros que durante Junio nos alegraron los días y las noches.
Como no quiero escribir entradas larguísimas ni un listado de títulos (algunos de los cuales no sé ya ni qué quieren decir), iré completando con las ideas que he ido atesorando.

Tenía ganas de volver a Cincuenta. Y tengo todo un precioso mes por delante. ¡Qué alegría!

Valga este mensaje para mis amigas, contertulias y compañeras. Cincuenta ha vuelto.

May 24, 2007

Los libros de la semana

Archivado en: Literatura infantil, Y la nave va, Cacún por cincuenta a las 11:02 am

Tres nuevos libros para las noches de esta semana:

1. Dani y los dinosaurios piden un deseo de Navidad. Ian Whibrow. Elección de Cacún. Dani y sus dinosaurios van a una granja y desean tener un patito como los que ven allí. La Navidad está cerca y deciden pedirlo como regalo… Las ilustraciones me parecieron típicas de serie de la tele, serie de dibujos pero televisiva a fin de cuentas. Y la historia tiene un regusto a obras para aprovechar el tirón de los dinosaurios, con listados de nombres imposibles de pronunciar y aún más de retener. Entretenida lo justo.

2. Gato Guille y los monstruos. Rocío Martínez. A Cacún le daba un poco de miedo. No le gustaba eso de que el bueno de Guille estuviera en cualquier habitación de su casa y empezara a oír un ruido que lo llevara corriendo a buscar a su madre a otra habitación. Pero cuando descubrimos que la mamá de Guille le ayudaba a descubrir de dónde venían los ruidos y que de esa manera Guille dejaba de tener miedo de ruidos conocidos, pudimos disfrutar más de las ilustraciones que nos gustaron mucho. El mejor libro de la semana.

3. El libro de hojas din-A4. Carles Cano. Un libro que, conociendo el final al que está destinado, decide hacer crecer hojas de papel en lugar de hojas verdes… un relato extraño, con unas ilustraciones que cuentan su propia historia. Un libro “precioso” que tendremos que retomar cuando Cacún tenga algunos años más.

Nota/petición: Señores de Kalandraka, pongan ya su catálogo online, y no en PDF… y pongan imágenes de sus preciosos y originales libros…

May 14, 2007

Visitas de fin de semana

Archivado en: Y la nave va, Actividades por cincuenta a las 10:40 am

Este fin de semana se las prometía playero. Y, aunque el tiempo era ideal sin duda, al final nos decantamos por otros planes.

El sábado vimos a Cacún en la piscina a su aire. La puerta grande estaba abierta y estuvimos un ratito viendo cómo se tiraba “de cabeza” y sin manguitos. Sólo hasta que nos dimos cuenta que el vernos le distraía demasiado y también a la monitora, empeñada en hacerse tan simpática a los papás que sólo llamaba a Cacún e insistía en que se tirara él… Pero queda claro que la natación le ha venido de maravilla porque se lo estaba pasando genial chapoteando, tirándose sin miedo y llegando hasta el bordillo ¡sin manguitos!

A comer nos acompañaron Fer, Encar, Lu, Mo, Mig y Mer, además de los primos. Una comida de amigos/familia con mucha cháchara.

Por la tarde un paseo con Fer y Encar para visitar a Lolo que estuvo unos días en casa de los abuelos y llegar a casa justo para caer en la cama felizmente cansados.

El domingo más visitas, pero esta vez fuimos los cincuentas los que salimos a visitar a Antonio (que le han escayolado la pierna) y, aunque pasamos a ver a Albert, no hubo suerte. Antonio nos dejó pasear por su nueva obra en construcción y nos regaló unos limones hermosísimos que nos dejaron el coche perfumado.

Nota: ¡Qué gustazo tener tantos titos y titas!

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